Dime con quién vas... y te diré cómo afrontarás la cuesta de septiembre

Lo sé, todavía estamos en agosto y es probable que a muchos de vosotros aún os acompañe el rumor del mar, las tardes de cerveza fría y los cielos estrellados propios de aquellos lugares ocultos a la civilización. Yo acabo de dejar todo esto atrás y he cambiado la caña fresquita por esa jarra de agua fría (vale, no es para tanto.... pero la comparación me venía al pelo) que, inevitablemente, por uno u otro lado, supone la vuelta a la "realidad" (aunque... ¿acaso las vacaciones no son igual de reales? Creo que esta expresión no es muy acertada, pero ya lo debatiremos en otro momento). Da pereza pensar en ello -será por eso que pasamos de hacerlo antes-, pero el regreso de las vacaciones viene acompañado de un hecho cruel (y no hablo del "síndrome postvacacional", en desuso desde la aparición de la crisis): la "cuesta de septiembre". Con vuestro permiso voy a rebautizarla con un nombre más  fino  y menos estresante, que eso de "cuesta" hace sudar mentalmente: a partir de ahora lo llamaré "avatares de la microeconomía". O lo que es lo mismo, los ejercicios malabares que toca hacer para afrontar ese  montón de pagos pendientes que trae consigo el nuevo curso.


El cerebro económico

Pues bien, empezando a hacer esas cuentas  necesarias de lo que está por llegar y cuál es la mejor vía para gestionarlas, me he acordado de un artículo que leí en la revista Jot Down, precisamente haciendo tumbing a la sombra de una palmera: "El cerebro económico", del talentsolucionador Diego Redolar. Trata sobre uno de mis temas preferidos, la neuroeconomía, y en él explica entre otros temas que "el deseo que podemos mostrar hacia algo como el dinero depende, entre otras cosas, de cuánto tardaremos en conseguirlo. Por norma general, las personas mostramos una preferencia por los refuerzos que se obtienen de forma inmediata sobre aquellos que se obtendrán a más largo plazo. De manera que para ahorrar para un futuro y evitar compras impulsivas tendríamos que vencer esta tendencia". Too late, my dear. Las compras impulsivas del bienestar inmediato se quedaron en el chiringuito, cuando  ni por un momento se nos cruzó por el pensamiento los libros de texto escolar (pon aquí lo que quieras). Pero está bien saberlo de cara... ¿a las vacaciones de Navidad?

Y para prevenir mejor los avatares de la microeconomía en general.

 

Puestos a flagelarnos un poco (con ánimo de mejora), no está de más revisar los 7 pecados de la microeconomía que explica otro talentsolucionador, Ferran Martínez (sí, el ex jugador de baloncesto), en su libro "La alquimia de la prosperidad" (Urano):

1. GULA: La ansiedad por consumir. No planificar los gastos mensuales nos dejará sin una herramienta esencial para saber cómo ahorrar y llegar a fin de mes.

2. LUJURIA: Falta de control sobre el deseo. El gasto desenfrenado, sin tener en cuenta las necesidades reales y el valor de aquello que compramos, puede llevarnos a la ruina, especialmente si lo sumamos a las tarjetas de crédito.

3. ENVIDIA: La apariencia y el que dirán es una de las cosas que más daño pueden hacer a una pequeña economía. Crear una identidad ficticia a través de la cartera nos lleva a comprar sin pensar.

4. PEREZA: El camino rápido y los trabajos e inversiones que prometen mucho a cambio de nada son como un caramelo para un niño. La persona delega su responsabilidad en otros perdiendo la autonomía, siendo blanco de estafas.

5. AVARICIA: El deseo de ganar a toda costa, pasando por encima de los demás, mintiendo y engañando, concentrándose en el objetivo y olvidando los medios. Pero igual que algo sube, tiende  a bajar. La codicia no es buena consejera para una buena economía, un negocio rentable y una buena salud mental.

6. IRA: Nunca hay que tomar una decisión en caliente ni ir a comprar con el estómago vacío.

7. SOBERBIA: No admitir las equivocaciones aboca en errores mayores. Si se ha hecho una compra compulsiva y se oculta, si se ha perdido un dinero invertido, si no se es capaz de pedir ayuda cuando no se sabe manejar una situación, se resentirá la economía y las relaciones con los demás.

 

La solución a todos estos pecados y otros tantos buenos consejos económicos os esperan en su libro, que no voy a destripar más, excepto en un apartado que me ha llamado mucho la atención y que da título al post.

 

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Las cinco personas más cercanas

Así se llama el capítulo en el que Ferran cuenta lo importante que es el impacto que ejercen sobre cada uno de nosotros las personas de nuestro círculo más íntimo. En otras áreas parece que resulta más clara o tangible esa influencia, y no tanto en la vertiente económica. Pero... en palabras del autor: "en lo que respecta al dinero, y a las costumbres que se tiene sobre él, puede resultar de gran utilidad examinar las actitudes y comportamientos de las cinco personas más cercanas a uno. De ese modo podremos comprender mejor las propias rutinas, y la manera que tenemos de pensar en el dinero". Ampliemos pues el refranero popular: Dime con quien vás y te diré quién eres... y cómo gastarás tu dinero. Y por lo tanto, los sustos - o no- que te vas a llevar.

 

Ferran habla de 5 categorías de personas (en versión fábula), según los comportamientos económicos más frecuentes:

1. CIGARRAS: Les gusta tener todo tipo de artículos de lujo, ropa de marca. No compran en rebajas y les gusta ir a la última. No les da miedo endeudarse y suelen correr riesgos al invertir. Nota: todos sabemos lo que les ocurre a las cigarras al llegar el invierno.

2. HORMIGAS: Todo lo contrario a los gastadores, sólo compran lo necesario, apagan las luces, cierran la nevera para no gastar... No suelen usar tarjetas de crédito ni comprar lo que no se pueda pagar en efectivo. Piensan en el futuro y están bien informados en temas bancarios.

3. MARIPOSAS: Gastar dinero les produce satisfacción. A menudo no pueden resistir la tentación de comprar, aunque sean cosas que no necesitan. Pueden llegar a ser shopaholics y endeudarse.

4. ZÁNGANOS: No intentan impresionar a nadie con sus gastos, pero tampoco compran para animarse. No dedican tiempo a preocuparse por el dinero y no llevan ninguna contabilidad de sus gastos. Suelen gastar por desconocimiento más de lo que ganan. carencia de educación financiera.

5. ABEJAS: Son conscientes de cada céntimo que gastan, comprenden perfectamente sus situaciones financieras y hacen que su dinero trabaje por ellos. Tienden a hacer inversiones de poco riesgo y a llevar un estilo de vida no demasiado ostentoso.

 

Vale: identificadas y clasificadas por especie animal esas cinco personas (pareja, padres, amigos...) más cercanas.

 

Ahora toca hacer el mismo ejercicio con nosotros mismos, pues también influimos, para bien o para mal, en quienes nos rodean (atención quienes tengáis hijos).

 

Se acaba el verano, nos comemos ya tal como venga la cuesta de septiembre, pero recordad: the winter is coming (...echo de menos la serie).  Aún estamos a tiempo de convertirnos en hormigas o,  mejor aún -que éstas me dan un poco de repelús-, en prácticas y sabias abejas (bichos que por cierto también salen como claras ganadoras en mi post No te fijes en mi cv, fíjate en mi) . Feliz rentrée!

 

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